LA JORANDA MÁS
DIFICIL DE LA SEMANA
Despertar y
tratar de lidiar con lo mismo
todos los sábados es inolvidable.
Ser mozo es todo un reto, te prohíbe salidas,
te causa insomnio, te envejece; pero el pago es algo que te fortalece.
todos los sábados es inolvidable.
Ser mozo es todo un reto, te prohíbe salidas,
te causa insomnio, te envejece; pero el pago es algo que te fortalece.
Scott Aroni en
el matrimonio, local, Quinta La Fond
El sonido
más horrible del mundo despeja el dulce soñar y despertar de mis ojos, el sol
que brilla en la ventana, la perta que suena como un estrujido y el viento
retumba mi cuarto. Es un sábado a los 5:00 horas, hora de levantarse, Scott
Aroni, debe empezar con la jornada más difícil de la semana, siempre solo,
porque mis familiares ahora no están conmigo y el cuarto es un silencio
fúnebre.
Aun entre
sueños, aun tambaleándose mis pies salgo hacia el viento que escalofría mi
cuerpo, me dirijo hacia la ducha y al contacto con la manija de la ducha mi
cuerpo reacciona con un pequeño temblor. Me enjabono y al contacto de nuevo con el agua para librar de la espuma
que recorre mi cuerpo, termino de despertar ya que la helada agua estremece mi
cerebro.
Corro,
son siete cuadras que se hacen cada vez más extensas, unas tras otra, el sonido
y claxon del carro se escucha por mi pasar, además de alimentar el frio que
llevo cuando cruzan. Empiezo a tomar un poco de calor, debido al ejercita
miento de los músculos. Llego y para disimular la tardanza de 10 minutos tarde
me mezclo con los demás colaboradores para no ganarme una llamada de atención,
pues ya son las 6:10 horas
¡No, no, no!
¡Matrimonio no! Es el trabajo más forzado y cansado, en fin a asumirlo con
responsabilidad, hay otros eventos pero ¡Que manía y osadía de mandarme al más
complejo!
Mesas, sillas, cojines,
calzones (fundas de los cojines), manteles; platos, vasos, copas, cubiertos;
baldes, cuchillos y un sinfín de materiales que se necesitaran para dicha
recepción. Alistamos todo lo que usaremos en esta atención y las colocamos en
la acera de la empresa para que cuando llegue el camión esté listo para
cargarse.
Se escucha un sonido
débil, pareciese el sonido de un taxi; pero no, nosotros reconocemos aquel
sonido; es el camionero Víctor Concha. Bien, empezamos con el primer esfuerzo
del día, son las 8.00 horas, el sol ya abrigándonos nos apura para no sudar,
terminamos de cargar y emprendemos a nuestro destino que se encuentra a
aproximadamente 45 minutos, depende al tráfico del centro de la ciudad. Aunque
la mayoría de veces y en esta ocasión nos dirigimos a una recepción en la Av.
Parra en el local de Quinta La Fond
Llegamos al local y
vemos un decorado que te transporta a otros lugares, pero no se pude observar
ya que ¡Ya chicos apurémonos para estar listos a la hora de la recepción! Es
Basilio Laura, el maître, además encargado del evento, pues bien empezamos a
descender todos los objetos ya mencionados y ya cargados al camión de don
Víctor. Ahora el sol esta más fuerte, más radiante y por tanto más quemante,
sin las 9:30 horas acabamos de descargar.
Ahora es hora de organizar todos los objetos en su
lugar, es hora de armas las mesas, de preparar los jugos y cocteles que harán
gusto al paladar de los invitados. Somos siete mozos para un matrimonio de 130
personas, ello quiere decir que cada mozo atenderá aproximadamente a 20
personas; John Palomino, Basilio Laura, Juan Málaga, Héctor Pacsi, Sandra
Gamarra, Roxana Tito y quien redacta, Scott Aroni. Somos los encargados de que
este evento sea exitoso.
Los utensilios que usan
los invitados a la hora de sentarse a la mesa son puestos en la mesa, ello
quiere decir que va un plato de sitio, también conocido como platón; encima de
este van tres copas en forma ascendente, la primera es para la copa de vino
blanco, la segunda para vino tinto y la tercera es una copa de agua, por detrás
de estas copas va el vaso de whisky y vaso de cerveza. Al costado del platón, a
lado derecho van los cuchillos, primero el de fondo y segundo el de entrada; al
lado posterior van los tenedores, primero el de fondo y segundo el de entrada.
Todo un reto armar las mesas.
Se escucha a Basilio
Laura “Chicos a cambiarse”. Pues bien es hora de vestirse, darse una pequeña
duchada, y estar frescos para el evento. Ponerse el pantalón negro, la camisa
blanca y bien planchada, la corbata michí y un saco blanco, pues estamos
atendiendo un matrimonio y este por regla amerita un saco.
Llegan las señoras de
la cocina, empezamos a descargare las ollas y asaderas de comida que traen en
un auto que dicho sea de paso es el esposo de la cocinera más antigua, Alicia
Gutiérrez, además es un buen amigo de mostros los mozos. La Sra. Alicia llama a
los mozos para que almorcemos, es una comida diferente a la de la recepción,
pero conserva un aroma aperitivo y el hambre, aunque a veces repetimos.
MUY BIEN... Scott,
John, Juan Héctor atenderán cocteles en este sector del toldo, Sandra, Roxana y
yo atenderemos bocaditos. Basilio empieza a designar lugares de atención además
de explicar que bocaditos hay y que bebidas también para que si el invitado nos
preguntase sepamos responder y aclarar sus dudas.
Es hora de atender la
Recepción, siempre con una sonrisa acogedora para entrar en confianza con el
invitado. Por fin es hora de empezar el trabajo y engreír a todos los
asistentes. En este trascurso ya perdemos la noción del tiempo y caminamos de
un lugar a otro para consentir a los invitados
La barra y todos
los licores a escoger por los invitados
Terminamos de atender
el evento y empezamos a lavar las cosas, todo lo usado, mientras los invitados
están embriagándose festejando el matrimonio de su amigo, amiga y familiar.
Las botellas de whisky
y cerveza empiezan ya a verse en las bandejas de los mozos y en las mesas de
los invitados. Mientras que unos cuatro estamos lavando y alistando las cosas
para cuando venga el camión todo sea más ágil.
Ya el sol empieza a
esconderse, el calor a terminarse; ahora el frio y el viento empiezan a
castigar la ropa y a helar nuestros cuerpos que u vaso de vino puede quitar.
Lavando copas, vasos, platos y en fin todo lo sado y ya mencionado. Son las
20:00 horas y de nuevo ese sonido tan disimulado y reconocible a la vez, de nuevo
el señor Víctor; empezamos a cargar sin incomodar a los invitados poco por
poco.
Son las 21:30 horas y
pensamos que ya abramos terminado, sin embargo no, seguimos cargando y la gente
recién se va retirando. Recién a las 22:00 horas emprendemos el viaje. Los ojos
ya cerrándose, el cuerpo congelándose al igual que al inicio de esta crónica 40
minutos de regreso en el camión.
Llegamos a la empresa y
empezamos a descargar las cosas, corremos para calentar el cuerpo, calor con
cuidado, porque podemos romper la vajilla. Terminamos alrededor de las 11:45
horas y es hora de cobrar, 15 minutos más para retornar y correr hacia el
abrigador cuarto que me espera para cobijarme entre sus frazadas. Son siete
cuadras que me separan de mi destino abrigador. Son siete horas las que dormiré
y sietes días para pasar por lo mismo.



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