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Horóscopo del día para Capricornio

domingo, 22 de junio de 2014

LA JORANDA MÁS DIFICIL DE LA SEMAN



LA JORANDA MÁS DIFICIL DE LA SEMANA
Despertar y tratar de lidiar con lo mismo
todos los sábados es inolvidable.
 Ser mozo es todo un reto, te prohíbe salidas,
te causa insomnio, te envejece; pero el pago es algo que te fortalece.
Scott Aroni en el matrimonio, local, Quinta La Fond

El sonido más horrible del mundo despeja el dulce soñar y despertar de mis ojos, el sol que brilla en la ventana, la perta que suena como un estrujido y el viento retumba mi cuarto. Es un sábado a los 5:00 horas, hora de levantarse, Scott Aroni, debe empezar con la jornada más difícil de la semana, siempre solo, porque mis familiares ahora no están conmigo y el cuarto es un silencio fúnebre.
Aun entre sueños, aun tambaleándose mis pies salgo hacia el viento que escalofría mi cuerpo, me dirijo hacia la ducha y al contacto con la manija de la ducha mi cuerpo reacciona con un pequeño temblor. Me enjabono y al contacto de  nuevo con el agua para librar de la espuma que recorre mi cuerpo, termino de despertar ya que la helada agua estremece mi cerebro.
Corro, son siete cuadras que se hacen cada vez más extensas, unas tras otra, el sonido y claxon del carro se escucha por mi pasar, además de alimentar el frio que llevo cuando cruzan. Empiezo a tomar un poco de calor, debido al ejercita miento de los músculos. Llego y para disimular la tardanza de 10 minutos tarde me mezclo con los demás colaboradores para no ganarme una llamada de atención, pues ya son las 6:10 horas
¡No, no, no! ¡Matrimonio no! Es el trabajo más forzado y cansado, en fin a asumirlo con responsabilidad, hay otros eventos pero ¡Que manía y osadía de mandarme al más complejo!
Mesas, sillas, cojines, calzones (fundas de los cojines), manteles; platos, vasos, copas, cubiertos; baldes, cuchillos y un sinfín de materiales que se necesitaran para dicha recepción. Alistamos todo lo que usaremos en esta atención y las colocamos en la acera de la empresa para que cuando llegue el camión esté listo para cargarse.
Se escucha un sonido débil, pareciese el sonido de un taxi; pero no, nosotros reconocemos aquel sonido; es el camionero Víctor Concha. Bien, empezamos con el primer esfuerzo del día, son las 8.00 horas, el sol ya abrigándonos nos apura para no sudar, terminamos de cargar y emprendemos a nuestro destino que se encuentra a aproximadamente 45 minutos, depende al tráfico del centro de la ciudad. Aunque la mayoría de veces y en esta ocasión nos dirigimos a una recepción en la Av. Parra en el local de Quinta La Fond
Llegamos al local y vemos un decorado que te transporta a otros lugares, pero no se pude observar ya que ¡Ya chicos apurémonos para estar listos a la hora de la recepción! Es Basilio Laura, el maître, además encargado del evento, pues bien empezamos a descender todos los objetos ya mencionados y ya cargados al camión de don Víctor. Ahora el sol esta más fuerte, más radiante y por tanto más quemante, sin las 9:30 horas acabamos de descargar.
Ahora es  hora de organizar todos los objetos en su lugar, es hora de armas las mesas, de preparar los jugos y cocteles que harán gusto al paladar de los invitados. Somos siete mozos para un matrimonio de 130 personas, ello quiere decir que cada mozo atenderá aproximadamente a 20 personas; John Palomino, Basilio Laura, Juan Málaga, Héctor Pacsi, Sandra Gamarra, Roxana Tito y quien redacta, Scott Aroni. Somos los encargados de que este evento sea exitoso.
Los utensilios que usan los invitados a la hora de sentarse a la mesa son puestos en la mesa, ello quiere decir que va un plato de sitio, también conocido como platón; encima de este van tres copas en forma ascendente, la primera es para la copa de vino blanco, la segunda para vino tinto y la tercera es una copa de agua, por detrás de estas copas va el vaso de whisky y vaso de cerveza. Al costado del platón, a lado derecho van los cuchillos, primero el de fondo y segundo el de entrada; al lado posterior van los tenedores, primero el de fondo y segundo el de entrada. Todo un reto armar las mesas.
Se escucha a Basilio Laura “Chicos a cambiarse”. Pues bien es hora de vestirse, darse una pequeña duchada, y estar frescos para el evento. Ponerse el pantalón negro, la camisa blanca y bien planchada, la corbata michí y un saco blanco, pues estamos atendiendo un matrimonio y este por regla amerita un saco.
Llegan las señoras de la cocina, empezamos a descargare las ollas y asaderas de comida que traen en un auto que dicho sea de paso es el esposo de la cocinera más antigua, Alicia Gutiérrez, además es un buen amigo de mostros los mozos. La Sra. Alicia llama a los mozos para que almorcemos, es una comida diferente a la de la recepción, pero conserva un aroma aperitivo y el hambre, aunque a veces repetimos.
MUY BIEN... Scott, John, Juan Héctor atenderán cocteles en este sector del toldo, Sandra, Roxana y yo atenderemos bocaditos. Basilio empieza a designar lugares de atención además de explicar que bocaditos hay y que bebidas también para que si el invitado nos preguntase sepamos responder y aclarar sus dudas.
Es hora de atender la Recepción, siempre con una sonrisa acogedora para entrar en confianza con el invitado. Por fin es hora de empezar el trabajo y engreír a todos los asistentes. En este trascurso ya perdemos la noción del tiempo y caminamos de un lugar a otro para consentir a los invitados

La barra y todos los licores a escoger por los invitados

Terminamos de atender el evento y empezamos a lavar las cosas, todo lo usado, mientras los invitados están embriagándose festejando el matrimonio de su amigo, amiga y familiar.
Las botellas de whisky y cerveza empiezan ya a verse en las bandejas de los mozos y en las mesas de los invitados. Mientras que unos cuatro estamos lavando y alistando las cosas para cuando venga el camión todo sea más ágil.
Ya el sol empieza a esconderse, el calor a terminarse; ahora el frio y el viento empiezan a castigar la ropa y a helar nuestros cuerpos que u vaso de vino puede quitar. Lavando copas, vasos, platos y en fin todo lo sado y ya mencionado. Son las 20:00 horas y de nuevo ese sonido tan disimulado y reconocible a la vez, de nuevo el señor Víctor; empezamos a cargar sin incomodar a los invitados poco por poco.

El anochecer y el frio que congela

Son las 21:30 horas y pensamos que ya abramos terminado, sin embargo no, seguimos cargando y la gente recién se va retirando. Recién a las 22:00 horas emprendemos el viaje. Los ojos ya cerrándose, el cuerpo congelándose al igual que al inicio de esta crónica 40 minutos de regreso en el camión.
Llegamos a la empresa y empezamos a descargar las cosas, corremos para calentar el cuerpo, calor con cuidado, porque podemos romper la vajilla. Terminamos alrededor de las 11:45 horas y es hora de cobrar, 15 minutos más para retornar y correr hacia el abrigador cuarto que me espera para cobijarme entre sus frazadas. Son siete cuadras que me separan de mi destino abrigador. Son siete horas las que dormiré y sietes días para pasar por lo mismo.

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